[Misión] Hierbas reconstituyentes

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[Misión] Hierbas reconstituyentes

Mensaje por Hisoka el Mar Sep 30, 2014 3:53 am

Un día después de sus agotadoras misiones, Hisoka se hallaba recostado en su cama mirando al techo. Estaba muy pensativo. Había hecho ya varías cosas que le gustaban hacer  -ayudar a su Clan-  pero aún quería seguir haciéndolo. Quizás y no fuese por este motivo después de todo, si no para ganar experiencia, y sobre todo, fama y reputación en el clan para así ascender pronto y poder reencontrarse con su maestro. Levemente se levantaba de su cama para ir por algo de comer, con paso rápido, se dirigió a la cocina y tomó una manzana la cuál devoró enseguida. Seguidamente, pensó que debería hacer algo productivo en ése día. La rutina que había llevado hasta hace unos días ya le había cansado y sabía que era necesario cambiarla a una mejor. Por esa razón, se motivó para hacer otra misión. Tampoco era que le importara mucho el dinero que éstas te recompensaban, pero le gustaba tenerlo para de vez en cuando darse algún antojo o incluso mejorar su equipo ninja. En segundos salió de su casa y se encaminó hacía dónde se encontraban los ancianos.

Tras caminar unos minutos, llegó. Preguntó a los ancianos que hacía falta en el campamento, los cuáles felices, le dieron una misión para realizar que ellos consideraban como urgente. -Ehhh.. verás... necesitamos un tipo de hierba como ésta para hacer unos cuantos experimentos que nos quedaron pendientes-. Mencionó el anciano mientras le daba un pergamino al chico con la imagen plasmada de la hierba. Hisoka la analizó, y casi inmediatamente la pudo reconocer. Él solía caminar por las praderas casi todos los días, por lo que ya la había visto. -Ya veo... están en las praderas, ¿verdad?-. Preguntó seguro. -Así es, muchacho. Por lo visto conoces bien tus alrededores-. Mencionó. El joven se sintió un poco halagado, y después de ésto, se despidió para caminar hacía su destino, el cuál no quedaba tan lejos, pero tan poco tan cercas, ya que ese tipo de hierba en específico sólo se encontraba en las afueras de las praderas del Clan Nara. -Uhhh... ésto se terminará pronto-. Pensó. Continuó caminando hasta llegar a las praderas que, un poco escarchadas, se movían junto con el viento que también hacía que el pelo de Hisoka se moviera un poco. Luego de peinarse, comenzó a buscar las hierbas. Sabía que quizás y no sería tan fácil, pues a veces los animales salvajes se alimentaban de aquellas plantas y, daba casi por seguro que las hierbas ya no se encontrarían ahí. Aún así, con la duda en mente, comenzó a recorrer las praderas. Visitó cada rincón que él había visitado, hasta que por fin algo le llamó la atención. -¡Muévete de ahí!-. Gritó. Un conejo que se intentaba alimentar de la hierba salió disparado huyendo del lugar, pues aquél grito del joven lo había asustado. Inmediatamente y a paso rápido, Hisoka se acercó y arrancó cuidadosamente la planta desde la raíz y la echó a una bolsa especial para aquella planta. -Bien... ahora sólo faltan cuatro más-. Pensó en voz alta. Los ancianos no le habían dicho la cantidad exacta que necesitaban de esas hierbas, pero al ver el pergamino y analizarlo, notó que ahí le habían escrito al cantidad a recoger.

Tomó la bolsa y se la ató a su cadera con un fuerte nudo, poniendo adelante de él la boca de ésta en dónde cada que veía una planta que le habían solicitado echaba ahí mismo. Ya había conseguido sólo dos, otra la encontró justo adelante de dónde había encontrado la otra. Siguió buscando en ése mismo lugar, pensando que quizás y se localizaban más por ahí, pero estuvo equivocado. Su búsqueda por esa zona resultó fallar, pero sin desanimarse, caminó hacía la derecha para después seguir directamente hacía otro lugar. Durante todo su trayecto el joven estaba atento, pues no quería que ninguna de éstas hierbas se le pasara, ya había notado que no era fácil recolectarlas. Segundos después, al voltear su mirada a su derecha, notó que justo al lado de una piedra de un color completamente gris, se encontraba otra muestra de la hierba. La agarró con cuidado, y de nuevo, la arrancó desde la raíz para después meterla a su bolsa. Así pues, continuó caminando, y en menos de un minutó vio otra. Muy feliz por haberla encontrado, caminó rápidamente hacía ella. Grata no fue su sorpresa al ver como pasaba un conejo por ahí y rápidamente tomaba aquella planta y le cortaba partes de su tronco y hojas para comerlas. -Tsk... así no sirven-. Gruñio. Sabía que las plantas necesitaban estar completas para poder hacer con exactitud los experimentos deseados, si no, éstos no saldrían 100% bien. Caminó un poco más, los pastos en algunas zonas eran mas grandes que otros y ésto le molestaba, ya que le impedía ver con claridad el suelo y lo que había en él.

Durante unos minutos, decidió tomarse un descanso, el cuál no duró más de cinco minutos. -Hmm, veamos... -. Analizó. -Buscaré cerca del lago, quizás  y éstas plantas crezcan más por ahí, ya que no lo recuerdo perfectamente, pues llevo tiempo sin visitarlo-. Finalizó. Era normal que el chico pensara en voz alta y ésto aveces hacía que la gente lo viera como raro, cosa que no le importaba en lo más mínimo. Tras decidir ésto, corrió hacía el lago cuidadosamente para no maltratar demasiado las hierbas que se encontraban en la bolsa. Alegremente notó como a lo lejos se veían varías plantas de ésa especia regadas por las orillas del río. Corrió hacía ellas y tomó siete muestras más. Una por una las arrancaba de la raíz, las limpiaba un poco y las metía a su bolsa. Menos una, que la arrancó mal e hizo que se cayeran varias flores de la misma. Buscó otra y realizó el mismo procedimiento. Había tomado diez hierbas que le habían pedido y se sentía orgulloso, pues sólo le habían pedido cinco, quizás y no era la gran cosa, pero le gustaba dar el extra en cada cosa que hacía.

Tomó su bolsa, la cerró, y corrió rápidamente hacía su campamento. Antes de llegar, paró de correr, pues ya estaba un poco cansado. El trayecto había sido bastante largo, le había costado una hora corriendo, y cuando fue al principio caminando le tomo dos. Caminó lentamente hasta llegar al edificio de los ancianos para por fin entregarles las hierbas. -Al parecer ya llegaste, muchacho-. Comentó el anciano que le había pedido las plantas. -Aquí tiene las hierbas que me pidieron, traje unas pocas más para que no se les acaben tan pronto-. Dijo mientras le entregaba la bolsa a su superior con un cierto descaro y sin notarse empatico. -Ya veo, ya veo... nos has hecho un gran favor, aquí tienes tu recompensa-. Finalizó, dándole al chico su recompensa. El cuál la tomó rápidamente. -Espero volver a verlo pronto, Anciano-. Se despidió para después darse la vuelta y salir por la puerta, de nuevo sin mirar atrás.
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